Está a punto de casarse, pero no lo tiene muy claro y, a veces, duda, y piensa: “¿Estoy realmente enamorada de mi novio?” “¿Y si le dejo y me lío la manta a la cabeza?” Una despedida de soltera le hará ver las cosas muy claras, o quizá no tan claras, pero toma una decisión de película.
Feliz, alocada, amiga de sus amigas. Antídoto contra la depresión. Siempre dispuesta a oír los problemas de los demás, a echarles una mano. Para ella el vaso siempre está medio lleno. Y su risa, ¿qué me dicen de su risa?.
Lleva una vida ordenada, sin sobresaltos. Tiene novio y se casará con él por la iglesia, como Dios manda. Lo celebrará por todo lo alto, rodeada de sus amigos que la envidian, sanamente, porque, ella es una mujer feliz, sin problemas estúpidos. Pero, las despedidas de soltera, son muy peligrosas.
Es un extranjero que se gana la vida como puede, y resulta que tiene un físico de escándalo, una risa cautivadora y unas manos diabólicas. Esos ingredientes son suficientes para hacerle vivir momentos de alta temperatura. El problema es que está a punto de dar el triple salto mortal y él no lo sabe.