Romántica, dulce, pacífica, confortable, y enamorada, muy enamorada. No pierde los nervios así, como así, pero está en el metro en hora punta, y es tan feliz, que quiere despedirse de su novio que está en el otro andén, y le dice algo así, como: “Adiós Churri”. Nunca debió decirlo, que horror, que sofoco, que lástima.
Buen chico, pero algo distraído. Enamorado, pero no demasiado, y sobre todo muy susceptible, de cabreo fácil y mosqueo a flor de piel. No sabe que su novia es maravillosa, no sabe que es sordo, no sabe que el metro es un sitio muy peligroso. La verdad es que no sabe casi nada, y claro, se cabrea. Terrible.
Está en el metro, porque en esta historia, hace falta un fuerte golpe de realidad. Y ella es, eso, real, como la vida misma. Para ella las cosas son o blancas o negras, eso del gris no lo entiende. Así que siempre está dispuesta a decir aquí estoy yo, y que Dios reparta suerte.