Efectivamente es la chica de la película. Además es pija, pero venida a menos. Es glamurosa, pero con ropa de Zara. Es una turista muy chic, pero viaja en metro. En definitiva es una pura contradicción, dispuesta a guardar las apariencias. Esa mañana, en la Estación de Serrano, tendrá que enfrentarse a sus peores demonios.
Pija, lo que se dice pija, pues sí. Insoportable, lo que se dice insoportable, pues también. Depredadora de amigas en horas bajas, claro. Las machaca con suavidad, sin despeinarse, sin perder su sonrisa de diseño. Es un espécimen que habita las zonas de Serrano, y aledaños.
Pues eso, el chico, el que se casa con la chica, pero es que la chica es mucha chica. Él, por eso, y por no molestar, poco a poco, se va haciendo más y más pequeñito, vamos, casi invisible. No levanta la voz, no discute, no dice, no, y encima sigue enamorado. Pobre.
Pija conservadora, de misa diaria, con los niños en un internado muy, muy caro. Amiga del orden, de que todo esté en su sitio, y de despreciar, cristianamente, a sus amigas atrapadas en la crisis. Parece una mosquita muerta, pero, cuidado, golpea donde más duele.